Tu hijo grita.
Vos sentís que algo adentro se te prende fuego.
Querés que pare.
Querés resolverlo.
Querés que nadie escuche.
Querés salir de esa escena cuanto antes.
Y muchas veces, lo más difícil del berrinche no es solo lo que está haciendo tu hijo.
Es lo que eso despierta en vos.
A veces no reaccionamos solo al presente
Hay escenas de crianza que tocan lugares muy sensibles.
La desobediencia puede activar miedo a perder el control.
El llanto puede despertar incomodidad.
El desafío puede sentirse como falta de respeto.
La mirada ajena puede traer vergüenza.
Y esa frase interna aparece sin pedir permiso:
"A mí esto no me lo permitían."
No porque seamos malos padres.
Sino porque todos criamos también desde una historia.
La necesidad del adulto también entra en la escena
A veces, mientras creemos que estamos intentando ordenar a nuestro hijo, también estamos intentando calmar algo propio.
Nuestra necesidad de:
- control;
- silencio;
- obediencia;
- calma;
- aprobación;
- no sentirnos desbordados;
- no sentir que estamos fallando.
Ver esto no es culparse.
Es empezar a diferenciar.
¿Qué necesita mi hijo?
y
¿Qué necesito yo en este momento?
Las dos preguntas importan.
El cuerpo suele avisar primero
Antes de gritar, muchas veces el cuerpo ya habló.
Mandíbula apretada.
Pecho cerrado.
Respiración corta.
Calor en la cara.
Urgencia.
Ese segundo previo puede ser pequeño, pero valioso.
No siempre alcanza para reaccionar de la manera que queríamos.
Pero puede empezar a abrir una pausa.
Criar con más conciencia también implica mirarse
La crianza no solo nos muestra lo que necesitan nuestros hijos.
También nos muestra:
- dónde nos cuesta poner límites sin endurecernos;
- dónde necesitamos aprobación;
- qué emociones nos resultan más difíciles;
- qué partes de nuestra historia siguen muy despiertas;
- qué necesitamos aprender a acompañar en nosotros.
Eso puede incomodar.
Pero también puede transformar.
No porque haya que "sanar todo" antes de criar.
Eso sería bastante poco compatible con tener hijos, dormir mal y vivir en el mundo real.
Sino porque cada vez que vemos algo con un poco más de claridad, ganamos una posibilidad nueva de elegir.
Una pregunta para la próxima escena
Cuando baje un poco la intensidad, podés preguntarte:
"¿Qué necesidad mía se activó acá?"
No para juzgarte.
Para conocerte.
Porque cuando el adulto empieza a verse con más honestidad y menos dureza, también puede acompañar distinto.
Y ahí muchas veces cambia más que una conducta.
Cambia el vínculo.
¿Querés seguir explorando esto?
Si sentís que la crianza también te está mostrando partes tuyas que necesitan ser miradas con más acompañamiento, en Liberteca creamos dos caminos posibles.
Tu hijo NO se porta mal
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Una comunidad para madres y padres que quieren profundizar, integrar y transitar este proceso con compañía.