Hay una escena bastante conocida.
Tu hijo está llorando, gritando o tirado en el piso.
Vos intentás explicar.
Después intentás convencer.
Después subís un poco la voz.
Y en algún momento pensás:
"Pero si se lo estoy diciendo bien, ¿por qué no entiende?"
Porque en plena intensidad emocional, entender no es lo primero que puede hacer.
Primero viene el cuerpo.
Después, cuando baja la tormenta, puede aparecer la conversación.
1. Bajá un cambio vos
No hace falta estar en paz absoluta mientras alguien grita a medio metro tuyo.
Pero cuanto más regulado esté el adulto, más fácil será sostener la situación sin agregar más fuego.
A veces ayuda algo tan simple como:
- apoyar bien los pies en el piso;
- respirar antes de responder;
- bajar el volumen de la voz;
- recordar que no hace falta resolver todo en ese segundo.
Una frase interna que puede ayudar:
"Primero atravesamos esto. Después vemos qué hacemos."
2. Nombrá lo que parece estar pasando
Podés decir:
"Veo que estás muy enojado."
"Querías seguir jugando y fue difícil parar."
"Te frustró que no saliera como esperabas."
"No era lo que querías."
Nombrar la emoción no hace desaparecer el berrinche.
Pero le da al niño un lenguaje que todavía está construyendo.
Y también le muestra algo importante:
"Lo que me pasa puede ser visto."
3. Sostené el límite sin retirarte del vínculo
Se puede acompañar una emoción sin cambiar necesariamente la decisión.
Por ejemplo:
"Entiendo que querías otro chocolate. Hoy no vamos a llevarlo. Me quedo con vos mientras pasa este enojo."
El límite puede seguir firme.
Y, al mismo tiempo, no sentirse frío.
4. Evitá explicar demasiado
En medio de un berrinche, una explicación larga suele entrar bastante menos de lo que imaginamos.
Es como querer dar una clase en medio de una tormenta.
Primero acompañamos.
Después hablamos.
Cuando la intensidad baja, ahí sí puede aparecer algo breve:
"Fue difícil ese momento."
"Te enojaste mucho."
"Yo también me puse nerviosa."
"La próxima vamos a probar de otra manera."
5. Cuidá la seguridad
Si el niño golpea, se golpea o puede lastimar a alguien, el adulto tiene que intervenir.
Con firmeza y sin violencia.
Podés decir:
"No voy a dejar que te lastimes."
o
"No voy a dejar que pegues. Estoy acá."
La presencia también puede ser límite.
Después del berrinche
No hace falta hacer una conferencia familiar.
A veces alcanza con una reparación breve, un abrazo, una frase o un momento de cercanía.
Lo importante no es que el niño salga de cada berrinche con una lección perfectamente comprendida.
Lo importante es que, poco a poco, vaya aprendiendo que las emociones intensas se pueden atravesar sin romper el vínculo.
¿Querés seguir explorando esto?
En Tu hijo NO se porta mal vas a encontrar una mirada más profunda sobre las conductas infantiles y herramientas para acompañarlas sin quedar atrapada/o entre la culpa y la exigencia.