Qué hay detrás de un berrinche: no siempre es lo que parece

Qué hay detrás de un berrinche: no siempre es lo que parece

Estás por salir.

Una zapatilla puesta. La otra abajo del sillón. Vos mirando la hora. Y tu hijo llorando porque quería la taza azul y apareció la verde.

Desde afuera puede parecer demasiado para algo tan pequeño.

Pero para un niño pequeño, en ese momento, no es solo una taza.

Puede ser cansancio. Hambre. Frustración. Un cambio que no esperaba. El apuro de la mañana. O una emoción enorme en un cuerpo que todavía está aprendiendo qué hacer con todo eso.

Un berrinche no siempre es "mala conducta"

Los niños pequeños todavía no tienen las mismas herramientas que un adulto para reconocer, ordenar y expresar lo que sienten.

No siempre pueden decir:

"Estoy cansado."
"Esto me frustró."
"Necesitaba que me avisaras antes."
"No sé cómo manejar lo que me pasa."

Entonces lo muestran con el cuerpo.

Lloran. Gritan. Se tiran al piso. Empujan. Se aferran. Rechazan algo que hace cinco minutos querían.

El berrinche suele ser una descarga. Una forma intensa e inmadura de expresar algo que todavía no pueden procesar solos.

Comprender no significa permitir todo

Mirar el berrinche con más comprensión no implica que desaparezcan los límites.

Implica cambiar la pregunta.

En vez de quedarnos solamente en:

"¿Cómo hago para que deje de hacer esto?"

podemos empezar a preguntarnos:

"¿Qué está queriendo expresar o atravesar mi hijo en este momento?"

Ese cambio de mirada no resuelve mágicamente la escena, pero cambia mucho el modo en que la acompañamos.

Lo que puede haber detrás

Detrás de un berrinche puede haber:

  • cansancio;
  • hambre;
  • sobreestimulación;
  • frustración;
  • dificultad para tolerar una espera;
  • necesidad de anticipación;
  • deseo de autonomía;
  • búsqueda de cercanía;
  • o simplemente una emoción demasiado grande para sus recursos actuales.

A veces también hay algo mucho más simple: el día fue largo, el cuerpo está cansado y todo queda más cerca del borde.

Como nos pasa a los adultos, pero con menos palabras y bastante más volumen.

La conducta es una puerta

Cuando podemos mirar la conducta como una puerta y no solo como un problema, aparece otra forma de acompañar.

No se trata de justificar todo.

Se trata de comprender mejor para intervenir con más claridad.

Porque muchas veces, cuando cambia la interpretación, también cambia nuestra respuesta.

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